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viernes, 26 de junio de 2009

Cárcel y fuego, combinación mortal

“Fue el 11 de septiembre, estábamos como un día normal. Nos encerraron a las 17 horas porque era jueves, día de visitas y poco después se cortó la luz, nosotros pensamos que era por los atentados típicos de esa fecha.
Un niño (reo) estaba cocinando en su cocinilla de campaña, esas que son un balón de gas de 5 kilos a los que se le pone un regulador con un plato de cocina encima. Se le volcó y agarró la cama y se encendió toda la pieza porque en ese dormitorio hay divisiones que no llegan al techo, no son cortafuegos, el fuego agarró todo eso. Al encenderse esa habitación se prendieron todas las de ese dormitorio. Yo me quedé luchando contra el fuego, sacando cortinas, pero era mucho. Sufrí quemaduras en el 30 por ciento de mi cuerpo y tuve que ser hospitalizado. Murieron 9 internos, algunos de ellos rematados y otros procesados”.
Así recuerda uno de los presos el incendio de la cárcel El Manzano en 2003, el que vuelve a la memoria tras el fatídico episodio del domingo 26 de abril que causó la muerte de 10 reclusos en el penal de Colina II en Santiago.
Y es que a pesar de los años que los distancian hay situaciones comunes en ambos siniestros. Una es que una cocinilla causó el incendio en ambos casos. Otra es que se acusa a Gendarmería de haber actuado con lentitud ante la emergencia.
Versiones de prensa señalan que Bomberos llegó por su propia cuenta al incendio de Colina y los gendarmes acusan que las implementación con que cuenta el penal para combatir el fuego no sirvió por estar en malas condiciones y no lograrse suficiente presión de agua.
En 2003 los presos aseguraron que la tardanza de Gendarmería motivó que los internos que estaban en el dormitorio frente al siniestrado intentaran derribar su puerta para ir en ayuda de los que se estaban quemando.
“Unos internos del dormitorio del frente intentaron ayudar y derribaron una puerta para tratar de auxiliarnos porque Gendarmería no hacía nada. Cuando subieron los funcionarios antimotines bajaron primero a los que querían ayudarnos. Evacuaron a todos los dormitorios antes de abrir el 4 del módulo 3 que era el que se quemaba. Demoraron una hora en responder”, asegura el interno de El Manzano.
David Romo, vocero de los reos de la zona sur del país, sostiene lo mismo, aunque agrega que “cuando se dieron cuenta que el incendio era incontrolable ellos mismos empezaron a tratar de abrir para sacar a los quemados, pero fue tarde”.
El director regional de Gendarmería, coronel Mario Aros, recalca que “en 2003 hubo funcionarios que entraron al dormitorio sin ninguna protección para rescatar a algunos internos. Entonces desde afuera es fácil decir “no se hizo lo que había que hacer” pero hay que estar en el momento para ver lo que se hace o no”.
Sin embargo más allá de las acusaciones la preocupación se centra en cómo impedir que en las complicadas condiciones que existen en las cárceles chilenas se vuelva a producir una tragedia de tales magnitudes.
Para David Romo la solución son las salidas de emergencia “lo que importa es que en cada dormitorio tiene que haber una vía de escape. Porque si llega a haber un incendio en estas condiciones van a morir muchas personas”, asegura.
Para el coronel Aros la respuesta es mucho más compleja y existe en los penales de la región desde el incendio de 2003. “En todas las unidades penales de la región hay un protocolo de procedimiento que está confeccionado directamente con los cuerpos de Bomberos locales. Se ha impartido la instrucción a todas las unidades penales respecto a que ante cualquier situación de fuego inmediatamente la comunicación es con Bomberos. Se ha dispuesto coordinar con ellos simulacros donde Bomberos se constituye en las unidades, hacen su análisis de la mejor forma de proceder de acuerdo al sector amagado y eso nos permite a nosotros tener la certeza de que la operatividad en el caso de un siniestro va a ser rápida. Aparte de eso en las unidades penales tenemos equipos contra incendios. En Concepción tenemos una Brigada de Incendios de Gendarmería (Big) compuesta por personal de la institución con equipamiento básico y con conocimientos de la actividad bomberil y de ellos siempre hay uno que está de servicio y es quien en definitiva adopta las primeras medidas para sofocar un incendio mientras llega Bomberos”, sostiene.

¿Sería necesaria una salida de escape en los dormitorios?
Lamentablemente no existe, es más, en las construcciones antiguas no se consideró, en las unidades nuevas se contempla una salida de emergencia. El Manzano no tiene más que la entrada principal (a los módulos) que es una salida al patio, por el otro lado no hay vigilancia entonces sería riesgoso tener esa salida alternativa.
El interno debe crear conciencia de que lo primero que tiene que hacer en caso de incendio es despejar las vías porque de pronto ellos la tapan y en un momento de siniestro cuesta despejar.

El peor escenario de incendio es dentro de los dormitorios, a raíz de las cocinillas, el hacinamiento y los colchones.
Exacto, si podemos hablar de lo peor que podría ocurrir es efectivamente un siniestro dentro de un dormitorio. Dios quiera que no ocurra. Pero si llegase a ocurrir los enlaces con el cuerpo de Bomberos y nuestra brigada interna están preparados para hacerle frente. En caso de conflicto todo lo que esté a nuestro alcance se va a hacer.
Nuestra primera instrucción indica que al haber fuego inmediatamente se llama a Bomberos porque yo no puedo saber técnicamente en qué va a terminar el fuego. Prefiero recibir de pronto una crítica de Bomberos que los hicimos venir sin poder actuar a que después me digan ¿porqué no me llamaron? Que es mucho más grave. Por lo menos yo veo el tema en la región en buen pie.

La implementación con que cuenta la Brigada de Incendios de Gendarmería (Big) en El Manzano, consta de 4 grifos operativos, 32 mangueras de incendio, equipos de respiración autónoma y dos equipos Ifex portátiles que utilizan agua y aire comprimido para apagar rápidamente un foco de fuego.
El teniente Pablo Vidal, jefe de la brigada, señala que en ella hay actualmente 4 funcionarios que cumplen turnos de 24 por 48 (24 horas continuas de guardia y 48 de descanso), sin embargo el ideal sería llegar a lo menos a 8 funcionarios para que haya siempre 2 de guardia más el jefe (son tres guardias).
El estado de este equipamiento es motivo de preocupación para la Asociación de Funcionarios Penitenciarios según señala Germán Ramírez, directivo de la provincia de Concepción de este gremio.
“Hay preocupación porque la brigada de incendios cuenta con equipos obsoletos, algunas mangueras están sujetas con alambres, hay elementos que no tienen mantención. La red húmeda y seca existen pero para la red húmeda las mangueras no están en buenas condiciones. Sólo una está buena, el resto cumple la función pero no logra la presión necesaria. El equipo Ifex usa aire comprimido y no tiene mantención así es que podría explotar en la espalda de un funcionario. Un detalle importante es que mucha gente presentó la renuncia a la brigada de incendios a causa del mal estado del sistema. De los que están en la Big uno tiene cursos y preparación, los otros tres no tienen capacitación”, denunció el dirigente.
El director regional señaló sobre este punto que “lo que pasa es que hay algunas tiras (mangueras) que no están en buenas condiciones, aunque son utilizables, porque tienen cierta cantidad de vida útil. No es que estén malas, lo que sí, no están en condiciones óptimas. Pero para prevenir cualquier evento estamos pidiendo el informe a Bomberos para pedir el cambio y restituir el material.

¿Gendarmería tiene presupuesto para reemplazar estos equipos?
En la dirección regional no tenemos un ítem para eso, debemos pedirlo a Santiago.

¿Hay pocos funcionarios trabajando en la brigada?
Si, son pocos los que están capacitados, pero ellos están capacitando al resto del personal. Es más, estamos viendo la posibilidad con el cuerpo de Bomberos local si podemos enviar a uno o dos funcionarios a un pequeño curso a la academia de Bomberos en Santiago.
Es de esperar que tengamos buenos resultados porque nos permitiría certificar la capacidad de nuestros voluntarios en esta materia.

Ecuación letal
El centro penitenciario El Manzano tiene una población de más de 2.100 internos y la infraestructura está hecha para 1.200, eso quiere decir que en cada dormitorio se supera con creces, hasta el 80 por ciento y a veces más, la capacidad.
A este hacinamiento se suma la utilización de cocinillas con que cuentan los reos para cocinar sus alimentos, que son las que generalmente causan los incendios dentro de los dormitorios y la ropa, cartones y colchonetas que existen en el lugar. Así se produce la ecuación encierro, sobrepoblación, fuego y combustible que en caso de incendio puede generar gran cantidad de muertes.
La situación es de difícil solución porque aunque se ha dicho que se buscará la forma de eliminar las cocinillas, no se ve como una realidad a corto plazo.
“Nosotros en la región no tenemos todavía una disposición respecto a eliminar las cocinillas. Primero porque no tenemos las dependencias especiales para la alimentación de los internos. En las unidades concesionadas cada módulo tiene un comedor. El interno acá no tiene eso. Las condiciones climáticas de la zona son tremendamente complicadas en invierno y el interno es lo único que tiene para temperar el ambiente. Ahora, está dentro de la conciencia del interno el uso que le da a ese elemento. Los reos están con el tema de las “carretas” (grupo de amigos que se reúnen para compartir lo que tienen) de 4 a 5 internos y ahí tienen una cocinilla. Cada dormitorio debe tener unas 5 ó 6 carretas. Es un problema al cual nosotros tenemos que adaptar nuestros procedimientos. Esa es la realidad que hay. No podemos echar todo abajo y cambiarlo de la noche a la mañana porque el daño sería más grande, tendríamos más de algún conflicto grave. Nosotros tratamos dentro de todo de favorecer el bienestar del interno”, asegura el coronel Aros.
Para David Romo también es un imposible “yo creo que no va por lo de eliminar las cocinillas porque si no la gente se va a morir de hambre, tal vez poner una cocina por modulo, pero no eliminar las cocinillas porque la comida que dan no es buena ni es suficiente”.
En estas condiciones otra preocupación son los motines y la seguridad de quienes entren a sofocar un incendio en un dormitorio. De hecho entre los gendarmes existe la sensación de que dejar entrar a Bomberos a éstos puede ser contraproducente debido a que un voluntario puede ser agredido por los internos y convertirse en un rehén o pueden robar su uniforme y usarlo para fugarse en medio de la confusión.
Además cuando ha habido motines, cuentan los gendarmes, los mismos reos atraviesan catres y otros elementos en la puerta a modo de barricada para que no entren los funcionarios, lo que en caso de incendio genera un problema aún mayor ya que complica más la evacuación.
A su vez los internos sostienen que dar la alarma de que se está iniciando un fuego es muy difícil ya que los gendarmes no escuchan sus gritos o los golpes en los barrotes.
El teniente Vidal sostiene ante esto que “para tener una respuesta oportuna a las emergencias Gendarmería hace rondas constantes y trabaja en turnos de 24 por 48 por lo que se detectaría rápido cualquier situación”.
A su vez el coronel Aros explica que “habiendo un siniestro fuera del horario normal de trabajo, después de las 18 horas, cada unidad tiene un plan de enlace para llamar a los funcionarios. Pero fíjate que no es ni necesario activarlo porque los funcionarios llegan solos. Se informan por cualquier medio y llegan solos a la unidad. Así es que siempre en caso de siniestro va a haber harto personal. Entre un 60 y 70% del personal se constituye en la unidad en un caso así”.
En la respuesta inmediata a un incendio –explica Vidal-, si la situación lo amerita, participa la unidad antimotines con la cual entran al dormitorio los funcionarios de la Big portando el equipo Ifex.

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