Las malas construcciones han dejado sus huellas tras el terremoto, es el caso de una joven madre que vio cómo el techo de su casa se hundía por el derrumbe de la pared de la vivienda vecina.
Cuando el primer movimiento del terremoto despertó a Pamela Farías lo único que pudo pensar fue en su hijo Gustavo, de 13 meses, que dormía en la habitación contigua.
“Salí corriendo a buscarlo, trataba de caminar pero me caía a cada instante. Tuve que forzar la puerta de su dormitorio para abrirla, lo tomé y corrí hacia el patio. En algún momento me caí con él en brazos pero logré salir de la casa”.
Mientras corría sintió un fuerte estruendo a sus espaldas, más potente que el terremoto mismo. Cuando pudo mirar vio que tras ella el techo de la habitación donde estaba su hijo, y de buena parte de la casa, se hundía sin que nada pudiera detenerlo.
“Nunca estuve tan aterrada. Lo único que quería era que el movimiento parara. Me acuclillé en el patio con el niño en brazos cantándole para que siguiera dormido. Mi vecino iluminó desde afuera de la casa y salí a encontrarlo en medio de un pánico que nunca he sentido antes. Me prestó su linterna y entré a la casa a buscar ropa y pañales para mi hijo. Ahí me dí cuenta de que estaba todo derrumbado. La cuna donde dormía Gustavo estaba bajo un montón de escombros y tierra, al igual que gran parte de la casa”.
El terremoto dejó al descubierto una grave falla en la ampliación a segundo piso de la casa del vecino de Pamela, ya que la muralla divisoria o cortafuegos (son casas pareadas) se desplomó íntegra sobre su vivienda, destrozando el techo y dejando escombros en todo el piso de ella.
Pamela, quien vive con sus padres pero se encontraba sola en esos momentos, huyó hacia el cerro del sector El Golf con otros familiares, lo mismo que habían hecho cientos de personas en prevención de un tsunami. Muchos de ellos llevaban carpas, frazadas y sillas para pasar ese tiempo a la intemperie. “El temor por las réplicas hacía gritar a la gente y todos pedían a voces que nadie encendiera cigarrillos o velas por las posibles fugas de gas”.
Al amanecer Pamela volvió a su casa y tuvo que tomar la dolorosa decisión de abandonarla, ya que quedó inhabitable. Ha pasado estas horas en la casa de una hermana que no sufrió desperfectos y espera que sus padres, aislados en la precordillera, puedan regresar a casa pronto, sanos y salvos.
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Dichato tras el tsunami
lunes, 5 de abril de 2010
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